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Boda EN MÁLAGA

VICTORIA & ADAM

Soy una fotógrafa de bodas con mucha suerte. Os cuento: Victoria y Adam son unos ingleses encantadores enamorados de España. Enamorados de Málaga. Tanto, que cuando decidieron dar el gran paso, se liaron la manta a la cabeza y organizaron una boda en Málaga a distancia. Muchos meses de preparativos para conseguir justo lo que querían, casarse en una ceremonia sencilla pero divertida y tierna, con sus grupito pequeño de personas preferidas y el ambiente andaluz chic que tanto les gusta.

Son una pareja diez, llenos de luz, de amabilidad, con una eterna sonrisa y el agradecimiento siempre por delante. La primera vez que nos vimos, nos abrazamos. La última, nos abrazamos también. Son todo amor y generosidad.

Lo tenían muy claro, querían un reportaje lleno de fotos espontáneas; no querían preocuparse por el posado ni por encuadres artificiales. Sólo querían ver reflejada la felicidad que sentían. La espontaneidad, su tesoro. Se casaron en la terraza del Hotel Málaga Premium, en el centro de la ciudad, con la iglesia de san Juan de fondo y el otoño malagueño dando calidez. Fue una ceremonia íntima oficiada por Debbie Skyrme, de Celebrant Spain y con todos los amigos y familia como testigos. A la salida no querían las típicas fotos de recién casados a solas, sino que prefirieron dar un paseo por el centro de la ciudad con sus 80 invitados de comitiva, y allí que nos fuimos a vivir la aventura.

Y la aventura fue, efectivamente, una aventura donde nunca sabes qué va a pasar. La guasa malagueña hizo su magia, y todo el mundo les aplaudió al verlos pasar, tan guapos, tan sonrientes, tan encantados con todo lo que estaba sucediendo. Extranjeros siendo fotografiados por otros extranjeros ajenos a la boda, visitantes fugaces de la ciudad, gente que pasaba por allí y se preguntaba “¿pero y esto?”. El efecto sorpresa. El sueño de una fotógrafa. Le hicieron un pasillo, les felicitaban al paso, les gritaban “¡guapos!”. Ellos me preguntaban qué significaban algunas expresiones que oían y que no sabían traducir, y me preguntaban cómo responderles porque querían corresponder. 

De ahí nos fuimos a la celebración en el Restaurante Batik, con unas increíbles vistas a la Alcazaba, maravillosa decoración y cocina, ambiente moderno y acogedor. Allí los novios, ya sin ningún resto de nervios, se dejaron llevar relajados y felices, por la fiesta y la alegría. Se oyeron los habituales discursos de la bodas inglesas, cortaron una tarta de inspiración andaluza, disfrutaron de una actuación de flamenco  en la que hasta se atrevieron a bailar, y se apuntaron a todo tipo de travesuras. 

Fue una boda divertida, llena de ternura, lágrimas de emoción, sonrisas, ¡hasta hubo un flashmov! ¡Y damas de honor vestidas iguales! El atardecer malagueño les hizo el regalo del color, y yo, su fotógrafa de boda, no puedo sentirme más agradecida.

¡Vivan los novios! ¡Esperamos veros muy pronto de vuelta!

 

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