Boda en málaga

ana & david

Cada pareja es un mundo y el de Ana y David es un mundo entrañable, encantador y especial. Querían una boda íntima en la que rodearse de personas y cosas bonitas, y con esa idea estuvieron diseñando su día durante casi un año. Todo al detalle, precioso, delicado, elegante y moderno con la ayuda de la wedding planner Irene Misas de Valentinas .

Al llegar a casa de Ana el día de su boda, para cubrir sus preparativos, me recibió toda sonrisas y aplomo. “No me puedo creer lo poco nerviosa que estoy”, dijo, lo cual en realidad es algo muy habitual; las novias no se ponen nerviosas hasta que pisan el pasillo de la iglesia y ven al novio a lo lejos. Ella estaba tranquila. María Arana la estaba maquillando y peinando y, aunque Ana ya es guapísima con la cara lavada, estaba quedando para quitar el hipo en aquella habitación rosa del final del pasillo, acompañada por su madre y su tata (y una copita de champán, detallito del novio).

Al mismo tiempo, en el Parador de Gibralfaro, el novio se ponía guapetón con sus padres: corbata, gemelos, chaqué… y un poquito más de nervios que la novia. Su madre le ayudaba a centrar la corbata mientras él miraba preocupado la hora. Hasta esos pequeños gestos son emocionantes.

La ceremonia religiosa fue en el Santuario de la Victoria al atardecer, con una luz maravillosa. La novia llegó con la más bonita de las sonrisas y los ojos más brillantes y risueños, vestida con un traje de Valerio Luna que, en fin, no podía sentarle mejor y caminó por el pasillo del brazo del padrino mientras todos nos limpiábamos la lagrimita. La cara de David, viéndola acercarse a él, era de una ternura y una felicidad indescriptibles. Toda la ceremonia fue preciosa, llena de momentos mágicos y complicidad.

Cuando los novios salieron de la iglesia – ya como marido y mujer – y cayó el aluvión de arroz sobre ellos, nos fuimos al Colegio de Arquitectos de Málaga a celebrarlo como dios manda, pero antes estuvimos haciendo unas fotitos a los recién casados que me regalaron el primer baile nupcial a mí, a la cámara, al recuerdo para siempre, solitos entre los cipreses. Qué pareja tan maravillosa, qué miradas tan alucinantes, qué felicidad irradiaban, cuánto amor vi ese día flotando en todas las direcciones. Ha sido un privilegio poder hacerles el reportaje de su boda y quedarme para mí un poquito de esa felicidad. Desde Ana Marielina Fotografía os deseamos ¡felicidades, chicos!

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