Tati & Jose en Málaga

Os lo juro, Tati no estaba nerviosa. Al menos no al principio, o eso me dijo ella cuando llegué a su casa para empezar con los preparativos. Se la veía serena y segura, confiada, dispuesta a dejarse llevar y disfrutar del día de principio a fin. Allí estaba sentada, dejándose hacer por los peluqueros y maquilladores, guapísima antes de que empezaran, espectacular una vez terminaron. Y allí se respiraba alegría pero también intimidad: unos preparativos en familia.

Le ayudaron a ponerse el vestido los padres – él y ella – y aquello me encantó. Normalmente el padrino se mantiene en un segundo plano hasta que llega el momento de caminar hacia el altar, pero este padrino en concreto se apuntó a abotonar y cuidar de que los enganches quedaran donde debían. Qué maravilla… Futuros padrinos, ¡tomad nota! ¡No os perdáis un momento tan emocionante!

Tati llevaba un vestido de Valerio Luna  que le sentaba de quitar el hipo, un sencillo ramo de rosas blancas y paniculata y un tocado increíble hecho por Carmen Beltrán.

Cuando llegamos a Club de Golf Guadalhorce para la boda civil, el novio y la madrina, y el resto de la familia e invitados ya estaba esperando a que Tati hiciera su aparición montada en el buggie que la llevaría al principio de la alfombra para recorrer, del brazo de su padre, el camino hacia su futuro marido, Jose. Y ahí fue donde el vientecillo de los nervios cambió su rumbo y ella se emocionó. Y con ella, los demás. Qué momentazo, amigos, qué bonito. Qué emocionante verla a ella caminar y a él esperarla. Qué guapo estaba el novio y qué sonrisa tan cargada de ternura y de felicidad.

La ceremonia fue una auténtica maravilla. Montado y decorado todo, planificado durante meses, por Mediterranean Eventos , allí no faltaba un detalle. Imaginaos: campo de golf, palmeras, macizos de flores, el atardecer de junio en Málaga, y la decoración elegante, romántica y juvenil de Verónica Montalbán, Directora de Mediterranean Eventos… Aquello era una locura de bonito. Bonito el ambiente, bonitos los novios, bonitos los que oficiaron, de una manera u otra, la ceremonia, bonitos los invitados. ¡Cuántos alegría concentrada!

Y, una vez pasados los nervios del gran momento, ya todo fue diversión y celebración: cosas ricas de comer, cosas ricas de beber, mucho bailar al ritmazo flamenco de la cantaora Séfora, todo el reír del mundo, ojos brillantes de felicidad por todos lados… Y yo, una vez más, encantada de poder ser testigo de todo eso y colaborar, junto con el resto del equipo, a que esa pareja de guapos pasase un día inolvidable. ¡Que vivan los novios! ¡Desde Ana Marielina Fotografía os deseamos el mejor de los futuros!

 

 

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