Marta & Salva en Málaga

Marta y Salva son una pareja de Málaga auténtica y adorable. De los que se casan sin prisa, sabiendo lo que hacen, decidiendo sin presión, diseñando desde el corazón. La primera vez que me reuní con Marta, un año antes de su boda, vi que lo tenía todo clarísimo. “¡A nosotros no nos vayas a hacer muchas fotos, preferimos más de los invitados!” Naturalmente, cuando llegó el día no le hice ningún caso, pero pude ver en ese momento que estaba organizándolo sabiendo que la mejor manera de disfrutar a tope el día era hacer que disfrutaran los demás.

Como cada novia diseña su gran día como le sale del corazón – y así debe ser – me adapté a lo que le hacía más y a lo que le hacía menos ilusión. Ella no quería fotos vistiéndose, así como tampoco quiso fotos de recién casados, pero sí recoger los primeros momentos en casa con sus damas de honor – Las Magníficas – y su hijo Hugo, un muchachote la mar de guapetón que iba a ser el orgulloso padrino. Allá que me fui a quedarme sin aire cuando vi el vestido que se iba a poner: había aprovechado una camisa antigua de encaje finísimo de su abuela y la había mandado adaptar a vestido por Montesco de manera que le quedaron unas mangas y una espalda que eran para llorar de bonitas.

Marta y Salva se casaron en la Iglesia de San Estanislao de Kostka en Málaga, ante las hijas de él y el hijo de ella, los amigos, la familia y un cura saladísimo que ofició una ceremonia muy cercana. La iglesia estaba decorada por Javi, de La Buganvilla, con unos jardines verticales de flores silvestres de temporada que no podían ser más maravillosos. El coro, del que la novia era miembro, cantó tan bien que nos puso a todos la carne de gallina y a Marta a llorar prácticamente toda la boda. Salva aguantaba como un campeón, con esa mirada sonriente que lleva puesta de serie, pero con los ojitos “coloraos” traicionándolo.

La celebración fue de día, en La Casilla de Maera , un lugar mágico con unos jardines de ensueño llenos de verde romántico y de rincones preciosos que decoraron Peggy & Co.  con ese gusto tan delicado que les caracteriza. Fue un día absolutamente alucinante. De principio a fin. Los novios, cariñosos entre ellos y cariñosos con todo el mundo, nos hicieron sentir como dos invitados más, haciéndonos partícipes de su gran día, apuntándose a todo, regalándonos su confianza. La familia y los amigos, panda de juerguistas sin cansancio, lo dieron todo y cuando llegó el momento del baile, al que pusieron la guinda los chicos de la Free Soul Band , no quedó nadie sin bailar. Nosotros disparábamos con la cámara mientras se nos iban los pies del buen rollo que flotaba en el ambiente.

No tenemos palabras de agradecimiento suficientes para estos novios tan diez, que quisieron confiar en nosotros para el reportaje de fotografías de su boda y a los que deseamos que tengan la más feliz de las vidas en común, ¡y que nosotros seamos testigos!

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