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La fotografía, ya lo sabemos, es un vehículo que sirve para contar cosas. Muchas cosas, cosas de todo tipo: cosas bonitas, cosas no tan bonitas, realidades, temas que necesitan ser denunciados, historias abstractas, expresiones de deseo. La fotografía tiene el don de servir para expresar lo inexpresable.

Muchas veces queremos decir algo y no sabemos cómo.

A veces hay realidades de nosotros mismos que desconocemos y que, de pronto, cuando nos ponemos a que enfrentarlas, hacemos que encajen dos piezas que estaban mal colocadas desde hace mucho tiempo.

Hace poco salimos a hacer un reportaje Carlos G. García y yo. Carlos es un excelente arteterapeuta malagueño – podéis encontrarlo en Espacio Sanarte – que me hizo un encargo poco habitual, pero hermosísimo. Quería mirarse por dentro, intuía un par de piezas que quería engrasar para que se acoplasen mejor, y sabía que la mejor manera para identificarlas era, precisamente, mostrárselas a sí mismo. Desde fuera. Quería trabajar el concepto de la muerte en vida, y para ello rompimos el tabú de los cementerios. Los cementerios son lugares de silencio que tienen mucho que contarnos.

El resultado fue un reportaje en blanco y negro en el que Carlos G. García fue entregándose a sí mismo y al proyecto a medida que la sesión avanzaba: descubriéndose, explicándose. Dejándose ser. Escuchándose.

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