María & Alberto en Málaga

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María y Alberto son para mí una pareja muy especial. Se casaban en una ciudad nueva para ellos sin más ayuda que su propia intuición y una idea fija: querían una boda hecha a su medida. Nada de protocolos ni de obligaciones; nada de convencionalismos: querían tomar de aquí y de allá aquellas cosas que más les gustaran y convertirlas en algo significativo que pudieran disfrutar sin nervios ni prisas.

¡Os muestro algunas pinceladas! El padrino y la madrina fueron sus sobrinos de un lado y de otro. María, que tenía clarísimo que quería un vestido sencillo y cómodo y nos dejó a todos deslumbrados,  quiso caminar sin cortejo, sola ante el peligro de la mano de su sobri, tan muerta de corte la peque que parecía a punto de salir corriendo; en el cóctel sonaba Vetusta Morla, Alberto no llevaba corbata ni pajarita (y qué guapetón, amigos), las luces de verbena iluminaban el jardincito: la magia y la personalidad inundaban la ceremonia. Y yo allí, encantada de la vida, ¡zasca!, fotos por aquí fotos por allá y, recibiendo todo el tiempo nada más que buen rollo, el que llevaban los novios, la familia y el resto de los invitados. Porque una cosa estaba clarísima: aquello iba de vivir la experiencia a tope.

¿Conclusión? Shhh… Os voy a contar un secreto… Cuenta la leyenda, que a las tantas mil de la mañana bajaban la calle los últimos invitados cantando aquello de Asturias, patria querida… Me da la sensación de que se lo pasaron bastante bien…😉

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Boda Marina & Antonio en Málaga

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Queridos amigos, para bodas originales, ¡ésta! Los novios quisieron planear al dedillo un gran día en el que asegurarse las sonrisas, y os aseguro que así fue. Tenían clarísimo que querían disfrutar de todo dejándose llevar por la magia del momento y las gamberradas de los invitados y no os digo nada, ¡si hasta los vimos volar por el salón en mitad del almuerzo!

La novia, para qué os voy a contar, iba vestida de quitar el hipo, con un vestido a media pierna y un tocado años 20, de verdad, guapa a reventar, y paseaba de la mano de su padre al encuentro del novio que la esperaba con la mirada más tierna que os podáis imaginar, para dar comienzo a una nueva etapa juntos. Ninguna etapa que comience con esa magia puede ir mal, ¿sabéis?

Un diez a este parejón maravilloso de brillo infinito en los ojos; les deseamos que, junto a Murci, su perrito simpaticón, que también tuvo su papel en este día, tengan una vida feliz llena de aventuras y de muchos, muchos besos.